Shelly Flood S Gen4, análisis: así funciona de verdad este sensor de fugas de agua
Hace poco compramos un piso y, antes de instalarnos, ya estoy montando algunos dispositivos de seguridad. Entre ellos, dos sensores de inundación: uno para la cocina y otro para el baño. Aunque siempre que puedo prefiero Zigbee, en este piso todavía no tengo un concentrador montado y me conecto a través de mi router 4G Mudi V2 (GL-E750V2) que ya analicé, así que necesitaba algo que funcionase bien por WiFi. Ahí es donde entra el Shelly Flood S Gen4, un sensor que promete justo eso: bastante libertad de conexión, ya sea por WiFi, Matter sobre WiFi o Zigbee.
Llevo varios días probándolo en condiciones reales antes de decidir si es el que se queda de forma definitiva en el piso. En este análisis cuento cómo ha sido la instalación, qué tal funciona la app y la configuración web, cómo se integra con Home Assistant, Google Home y Matter, y sobre todo, cómo responde de verdad ante el agua: tiempos de reacción, sonido, sensibilidad, y algún que otro problema que me he encontrado por el camino.
Lo esencial antes de empezar
El Shelly Flood S Gen4 es un sensor de inundación compacto, a pilas, que puede conectarse por WiFi, Matter sobre WiFi y Zigbee a la vez, y que además cuenta con web local propia, así que no depende obligatoriamente de la app ni de la nube de Shelly. Tiene sentido para quien busca un sensor de fugas fiable y con alarma sonora, y muy especialmente para quien usa Home Assistant y quiere elegir el protocolo de conexión según cada situación. Incluye la pila CR123A necesaria para funcionar desde el primer momento.
Lo mejor: la flexibilidad de protocolos, la posibilidad de configurarlo sin instalar ninguna app, y una respuesta rápida y fiable ante el agua, tanto en Zigbee como en WiFi y Matter. Lo peor: por WiFi no expone la entidad de inundación en Home Assistant hasta actualizar el firmware, algunas funciones de la app (como el botón de identificar) no funcionan como deberían, y es más grande que otros sensores Zigbee que ya conocía. Tras la prueba, me parece un dispositivo recomendable, aunque con algún matiz que conviene tener en cuenta antes de comprarlo, y que explico en detalle a lo largo del análisis.
Ficha técnica y características
Características del producto
Unboxing y diseño
Dentro de la caja hay poco más que el propio dispositivo, los manuales y un código QR para el emparejamiento Matter. Ya viene con la pila CR123A de 3V puesta, que según el fabricante debería aguantar unos 2 años.

Al cogerlo en mano lo primero que se nota es que es de plástico. Se abre girando la tapa, y por dentro se accede fácilmente a la placa, donde está la pila. En la parte de abajo están las almohadillas de acero inoxidable, que son las encargadas de detectar la humedad; según Shelly, están pensadas para detectar también agua de baja conductividad, como la que sueltan los aparatos de aire acondicionado.

Lo que más me ha llamado la atención es el tamaño. Comparado con otros sensores de fugas que ya tenía, como el Aqara SJCGQ11LM o el Sonoff SNZB-05P, este Shelly es notablemente más grande. Eso sí, esos dos son Zigbee únicamente y ninguno hace ruido si se mojan, así que la diferencia de tamaño viene con algo a cambio, como veremos más adelante.
Instalación y conectividad
Aquí es donde este sensor se diferencia claramente de otros que he probado: puedes elegir cómo conectarlo, y eso da bastante libertad según lo que necesites en cada momento.
Nada más quitar el plástico de la pila, el dispositivo entra en modo de emparejamiento (la luz interior se queda azul fija), y a los pocos segundos salta la pantalla de Matter en el móvil. Yo lo instalé así, por Matter sobre WiFi, y después, si me interesa, puedo añadirlo también a la app de Shelly: se entra en la app, se pulsa en escanear red (o se pulsa el botón del dispositivo si no lo detecta), se le da a agregar, se le pone nombre y ubicación, y ya está listo.
Si en cambio prefieres Zigbee, el proceso es distinto: este protocolo no se puede activar desde la app, así que hay que entrar primero en la web local del dispositivo y activarlo ahí. Una vez activado, ya se puede emparejar directamente desde tu propio sistema Zigbee (en mi caso, zigbee2mqtt), y el dispositivo se detecta sin problema.

Una vez conectado, ya sea por el protocolo que sea, se puede terminar de configurar de dos formas: desde la app de Shelly, o desde el entorno web propio del dispositivo, sin necesidad de instalar nada en el móvil. Esta es una de las cosas que más me gusta de los dispositivos Shelly en general: no dependes para nada de la nube, y si lo prefieres, ni siquiera hace falta la app. Para entrar en la web hay que activar antes el dispositivo pulsando su botón (se apaga solo al poco tiempo para ahorrar batería, así que hay que repetirlo si tarda).
La app y sus opciones de configuración
En la pantalla principal de la app se ve la batería y si hay inundación o no, poco más. El resto de la configuración está repartida en varios apartados.

En cuanto a la alarma sonora, hay tres modos: intenso, que suena con más frecuencia y se silencia pulsando el botón; normal, que avisa de la inundación sin tanta insistencia; y económico, que solo envía notificación sin hacer ruido. También se puede elegir entre modo lluvia, que solo avisa por notificación (sin sonido) si detecta lluvia, y modo inundación, el habitual. Además, se puede configurar el tiempo que tarda en informar de un cambio de estado; por ejemplo, que solo avise si lleva 5 segundos húmedo, para evitar falsas alarmas puntuales.
En el apartado de redes se puede activar o desactivar el WiFi, el punto de acceso, la nube, Matter y MQTT. Lo curioso es que Zigbee no aparece aquí; como ya comenté en la instalación, hay que activarlo desde la web local del dispositivo, ya que la app no lo permite.

También está la opción de activar o desactivar el Bluetooth, ten en cuenta que el Bluetooth aquí es solo para el emparejamiento inicial con la app.
Por último, hay una opción para recibir notificación si el dispositivo se queda sin conexión, aunque esta función solo está disponible con una suscripción premium de Shelly. Para quienes usamos Home Assistant esto no supone un problema real, ya que se puede montar ese mismo aviso por nuestra cuenta.

Integración con Home Assistant, Google Home y Matter
Por WiFi, Home Assistant detecta el dispositivo automáticamente en la red y solo hay que darle a añadir. Aquí me encontré con el primer problema: no exponía ninguna entidad de inundación, con lo que de esta forma no se podía usar de verdad. Entré a la configuración del Shelly por la web para comprobar si había alguna actualización pendiente, vi que estaba disponible la versión estable 2.0.0, la instalé, y en cuanto actualicé el firmware, la entidad de inundación pasó a mostrarse correctamente. Es decir, el problema no estaba en el WiFi como protocolo, sino en el firmware de fábrica: con la actualización queda resuelto.

Por Zigbee, lo agregué a través de zigbee2mqtt sin ningún problema, y además mostraba más información que por WiFi. Y también lo probé por Matter, con más entidades disponibles todavía.
Repasando lo que expone cada protocolo: por WiFi aparece el estado de inundación, el firmware, la batería, la nube, si necesita reinicio y el estado de silenciado. Por Zigbee aparece el estado de inundación, la batería, batería baja, un aviso de «trouble» si el dispositivo tiene algún fallo, la señal Zigbee, un sensor de manipulación (tamper) y un botón para identificar el dispositivo. Por Matter aparece el estado de la fuga, el estado del firmware, un contador de reinicios, el tiempo de actividad, el motivo del último arranque, y también un botón de identificar.
Dos de estas funciones no me han funcionado como cabría esperar: el sensor de tamper, pensado para avisar si alguien manipula el dispositivo, no ha reaccionado en ningún momento aunque lo he abierto varias veces; y el botón de identificar, tanto en Zigbee como en Matter, debería hacer sonar o iluminar el dispositivo al pulsarlo, pero en mis pruebas no ha hecho nada.
Pruebas reales de funcionamiento
Lo primero que quería comprobar era el tiempo de respuesta, que para mí es el dato más importante en un sensor de este tipo, así que puse un poco de agua en el fregadero y coloqué el dispositivo encima, repitiendo la prueba varias veces.
Por WiFi, desde que el sensor se moja hasta que empieza a sonar pasan unos 2 segundos, y la notificación llega al móvil entre 4 y 5 segundos después de mojarse, un margen que me parece más que suficiente para reaccionar ante una inundación. Además, también envía la notificación por correo electrónico, para que no se te escape aunque no tengas el móvil a mano, eso si, ten en cuenta que si desactivas la nube, la aplicación dejará de enviar notificaciones, siempre tienes que tener la nube activa si usas la aplicación.
Con Google Home, conectado por Matter, la detección del estado mojado tarda entre 4 y 5 segundos, pero una vez detectado, la notificación llega casi al instante, en un segundo.
Por Zigbee a través de Home Assistant, que es el protocolo que uso siempre y el que mejor suele responder en mi experiencia, hice la misma prueba: desde que se moja el sensor hasta que aparece húmedo en zigbee2mqtt pasan solo 2 segundos, y la notificación llega un segundo después. Es, con diferencia, la combinación más rápida de las que he probado.
Repetí también la prueba por Matter dentro de Home Assistant, con un resultado de entre 4 y 5 segundos hasta detectar la humedad y 1 segundo más hasta la notificación, así que por ese lado también se puede estar tranquilo.
También probé qué pasa si se corta la conexión a internet. La alarma sonora local no se ve afectada en ningún caso, sigue funcionando sin depender de la nube ni del WiFi. En Home Assistant, a través de Matter, el sensor también sigue detectando la inundación sin internet, pero aquí me encontré con algo curioso: si la nube de Shelly está activa en el momento del corte, Home Assistant deja de recibir el aviso; si la desactivas de antemano, sí detecta la inundación con normalidad. Con Google Home, en cambio, sin conexión a internet no funciona en ningún caso.
Sonido de la alarma y autonomía
Aproveché las mismas pruebas para comprobar el sonido. A un metro aproximado de distancia, el sonómetro me marcó unos 65 dB, un nivel suficiente para localizar el aviso sin que llegue a resultar ensordecedor, pero de sobra para darte cuenta de que algo pasa.

En cuanto a la batería, el fabricante indica una duración aproximada de 2 años con la pila CR123A incluida. Es un dato que, por la propia naturaleza de la prueba, no he podido verificar a largo plazo, así que de momento me fío de la cifra oficial hasta que pase el tiempo suficiente como para confirmarlo con mi propio uso.
Sensibilidad del sensor: agua de baja conductividad, metal y la prueba de la mano
Shelly destaca las almohadillas de acero inoxidable de este sensor por su capacidad de detectar agua de baja conductividad, como la que puede soltar un aire acondicionado. Quise comprobarlo, así que probé el sensor con ese tipo de agua y respondió correctamente. Pero para tener un punto de comparación, hice la misma prueba con el Sonoff y el Aqara, y los dos también detectaron sin problema este tipo de agua. Dicho esto, en la práctica no encontré una diferencia clara de detección entre los tres con este tipo concreto de agua; si existe alguna ventaja real de las almohadillas de Shelly frente a los sensores de pines más pequeños, en mi prueba no se ha traducido en una diferencia de resultado, aunque sí, como cuento más abajo, en velocidad.
Shelly también advierte en su información oficial de que el sensor puede dar un falso positivo si se apoya sobre una superficie metálica. Lo probé sobre el propio fregadero, que es metálico, y también sobre el grifo, y en ningún momento saltó una falsa alarma. Aun así, conviene tenerlo en cuenta, porque si el propio fabricante lo advierte, será por algo.
Lo que sí me sorprendió es que, si te pones el sensor en la mano, la alarma también salta. Probé lo mismo con el Sonoff y el Aqara, y los tres reaccionan a la humedad de la piel; la diferencia está en la velocidad, ya que el Shelly es el que reacciona más rápido de los tres, aunque los otros dos acaban detectándolo también.
Modo lluvia: qué tal funciona
También probé el modo lluvia, y aquí tengo mis dudas. Si se coloca el dispositivo en su posición normal, no avisa de que está lloviendo hasta que se encharca, así que tardará bastante en detectarlo en una situación real de lluvia.
Aunque no se menciona en las instrucciones, decidí probarlo boca abajo, rociando agua con un espray, y de esta forma sí funciona bien, respondiendo enseguida en cuanto le caen unas gotas. No he podido comprobar qué pasaría con niebla o condensación colocado en esta posición, pero cabe la posibilidad de que también las interprete como lluvia; es algo a tener en cuenta si decides colocarlo así.
Comparativa con otros sensores de fugas
Frente al Aqara SJCGQ11LM y al Sonoff SNZB-05P, la diferencia más clara es el tamaño: ambos son notablemente más pequeños. A cambio, con el Shelly se gana una alarma sonora integrada y, sobre todo, la posibilidad de poder usar Zigbee o WiFi según lo que necesites, algo que ninguno de los otros dos ofrece. En mi caso, para este piso donde todavía uso un router 4G, me interesa la conexión WiFi, aunque en cuanto nos mudemos y tenga montado el concentrador Zigbee, cambiaré la conexión a ese protocolo, que es el que prefiero siempre que puedo.

También existe el Shelly Flood Gen4, la versión con cable, que funciona igualmente por WiFi y Zigbee. Su ventaja es que, gracias al cable, se puede cubrir una zona más amplia. Sin embargo, no es tan adecuado para exteriores: aunque el propio cable puede mojarse sin problema, el cuerpo del dispositivo solo tiene protección IP44, así que no puede exponerse al agua como sí puede hacerlo el Flood S Gen4. Conviene pensar bien dónde se va a colocar y qué es exactamente lo que se quiere proteger antes de decidirse por uno u otro.
Precio y donde comprar
Actualmente puedes comprarlo en Amazon por 21,90€, aunque como con cualquier producto en la plataforma, el precio puede variar según ofertas y el momento en que lo consultes.

Sensor de inundación con alarma sonora integrada.
Veredicto tras la prueba
Este es de esos dispositivos que nunca piensas que vas a necesitar, hasta que lo necesitas de verdad. Yo aprendí la lección hace unos años, cuando se reventó un calentador eléctrico en casa. Desde entonces tengo claro que este tipo de sensor es de los que, mientras no hacen falta, están ahí sin más, pero cuando de verdad los necesitas, te pueden evitar un problema serio.
Tras esta prueba, el Shelly Flood S Gen4 me ha parecido un dispositivo que responde de forma rápida y consistente en cualquiera de los protocolos que he probado, y con la ventaja añadida de poder usarse con Home Assistant, Google Home o su propia app, según lo que prefieras en cada momento. Si además eres de los que prefiere no depender de la nube, este sensor encaja bien con esa forma de trabajar. La posibilidad de elegir entre WiFi, Matter sobre WiFi y Zigbee es su punto más fuerte. Por WiFi no necesitas ningún concentrador, mientras que para utilizar Zigbee necesitas un coordinador y para integrarlo mediante Matter necesitas un controlador Matter compatible
Eso sí, ten en cuenta el problema con la exposición de entidades por WiFi antes de la actualización de firmware, y algunas funciones de la app que no responden como cabría esperar. Ninguna de las dos cosas es motivo suficiente para descartarlo, pero conviene saber a qué te enfrentas antes de instalarlo.
✅ Pros
- ✅Conectividad flexible: WiFi, Matter sobre WiFi y Zigbee
- ✅No depende de la nube ni de la app para funcionar
- ✅Tiempos de respuesta rápidos y consistentes
- ✅Alarma sonora integrada
- ✅Buena sensibilidad, incluso ante agua de baja conductividad
❌ Contras
- ❌El botón de identificar no funciona ni en Zigbee ni en Matter
- ❌La notificación de desconexión requiere suscripción premium
- ❌Más grande que otros sensores Zigbee equivalentes
- ❌Sin nube no hay notificaciones en la app
¿Te queda alguna duda antes de comprarlo? Cuéntamelo en los comentarios.
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